martes, 18 de agosto de 2009

Dios perdona los pecados...

…no las pendejadas, frase tomada del delantal de la casa de la seño Ana Pau y la seño Profis.

Sábado 6 a.m. y la Caperuza mentando madres en la regadera, ¿en qué desafortunado momento se me ocurrió que era una maravillosa idea madrugar para mi fin de semana etílico? Claro, si nos hubiéramos ido la noche anterior, segurito ya hasta cruda estaría, pero no, ¡todo por flojos!

A las 7 de la madrugada estaban llegando por mi el señor Bolsititita y mi Princess Adorada, un fin de semana en Tequisquiapan, en la Feria del Vino, prometía lo suficiente como para purificar mi alma, desintoxicarme de los hombres y sobre todo anestesiar el corazón con suficiente alcohol.

Salimos desde temprano con la ilusión de alcanzar el tan ansiado Tour de Queso y Vino, llegamos a tiempo para que la H. Señorita-Guía-del-Tour del viajecillo aquel, nos dijera: Uuuuy, ya no hay lugares, pero pueden venir mañana… El amigo Bolsititita siempre tan ágil, se le ocurrió la brillante idea: Si ya no hay lugar en los camiones, ¿por qué no los seguimos?, así fue como se acercó a la H. Señorita-Guía-del-Tour y le planteo nuestra intención, quien respondió de talante francamente hostil: Pues si quieren, pero que les quede claro que ustedes pagarán sus entradas y no podrán tener acceso a las degustaciones.

Primer destino, una fábrica artesanal de quesos, lugar un tanto cuanto alejado de la civilización, hartas vaquitas, cabras, y demás animalitos fueron parte del recorrido. Un pinche sol que te encontraba hasta debajo de la tierra, redes para el pelo que hacían vernos muuuy cajetos, y lo bonito: la degustación de varios tipos de quesitos ricos, esto no es tan bonito como el alemán alto, y guapo que estaba frente a mi, mi mente trato de evitarlo y buscaba distraerse con los quesos, pero mi Adorada Princess no me lo permitió.

Tomando en consideración que la planificación del fin de semana inicialmente la hicieron 3 amigos, pero al viaje terminaron asistiendo una pareja “de estreno” y el mal tercio (esa soy yo), es decir, en algún momento entre la planificación y el viaje el señor Bolsititita y mi Princess Adorada se habían perdido el asco, y aunque nunca fue problema, pues si había oportunidad que me encontraran algo con que “distraerme”, estaría de perlas.

Así las cosas durante el resto del recorrido, la Adorada Princess me empezó a lavar el cerebro con la idea en que lo que a mi me hacía falta era un alemán alto y guapote y que casualmente el que iba en el Tour, era perfecto para mi. Debo de reconocer que le costó trabajo convencerme, ya que yo iba decidida a desintoxicarme de los hombres rancios.

Segunda parada, Peña de Bernal, el alemán caminaba justo enfrente de nosotros, mientras el señor Bolsititita trataba de convencerme que el alemán me gustaba, que dejara el rebozo y me acercara, se ofreció amablemente a presentármelo, sin embargo seguía de terca con mi “desintoxicación”. Hasta que el señor Bolsititita se acercó para preguntarle alguna tontería, la cual respondió en perfecto español, lo que me causó mucha pena, si recordamos que seguramente había escuchado la letanía de mis amigos respecto a su persona.

Nos volvimos “amigos” del alemán, quien de acuerdo a lo que él nos dijo se llama Mom. El señor Bolsititita y mi Adorada Princess lo invitaron a seguir el recorrido desde la camioneta, la cual contaba con aire acondicionado, área de fumadores y música de todo tipo para amenizar el recorrido. El señor Mom nos vió con cara de “seguro estos me van a querer secuestrar”, por lo que declinó la oferta.

Tercer parada, las cavas de Freixenet, la gente salía de todos lados, y para la entrada de las cavas, debía uno hacer una cola similar a aquella que se hace para las tortillas cuando la masa aún no llega, y el elemento adicional del sol, nos hizo desistir de entrar a dichas cavas, por lo que para matar el tiempo tomamos la decisión de comer algo, y ya que andábamos por ahí probar los vinitos espumosos, con 3 botellas para remojar la paella que nos zampamos. Decidimos que una botella para cada uno era razonable como caminera, por lo que compramos el vinito espumoso y nos subimos a la camioneta a tiempo para continuar con el recorrido.

Debo de reconocer que me dio mucha ternurita ver a la H. Señorita-Guía-del-Tour repartiendo las “degustaciones” a los participantes del Tour, cuando yo ya traía como 20 degustaciones encima y por la mitad del valor de dicho Tour.

Camino a la cuarta y última parada, el miedo de la Caperuza radicaba en que su caminera se terminara antes de llegar al siguiente destino, el cual resultó ser unos viñedos muy pintorescos. Ahí mis acompañantes y una servidora ya andábamos medio mareadones, por lo que nuestra constante risa evitó que nos perdiéramos la tan interesante explicación del Tour, y en cambio invitáramos a Mom a seguir “degustando” los vinos de la región.

De regreso a Tequisquiapan, los viajeros de la camioneta incluían al señor Bolsititita como piloto, mi Adorada Princess como copilota, la Caperuza y un alemán en la parte trasera. Para ese momento Mom ya era gran amigo, y respondía al apelativo de ¡¡¡¡¡Mamáaaaaa!!!

Después del Tour era obligado llegar a la Feria del Vino, en la cual cada uno de nosotros andábamos muy dadivosos, lo que nos permitió invitar una botella por cabeza. En algún punto, terminamos acostados en el pasto de los jardines aledaños a la Feria, junto con los demás asistentes, bebiendo vino y comiendo quesos.

Casi las ocho de la noche, moría de frío y mi cabeza no vivía su mejor momento, decidimos regresar al hotel, Mom intentó convencerme en que me quedara con él, sin embargo prometí que dormiría un par de horas para que en grupo regresáramos por él para cenar.

Casi la medianoche, me despertó un terrible dolor de cabeza, acompañado de la boca seca, el rugido de mis tripas y un mensaje en mi celular del señor Mamá, que palabras más, palabras menos decía algo como: Estoy en primera fila en el concierto de Reily, con el clima perfecto para que estuvieras junto a mi. Mi primer reacción fue voltear a ver a mis acompañantes, los cuales retozaban en calidad de cadáveres uno en el sillón y la otra en la cama, quienes por más que intenté mover, no despertaron.

Siguieron mensajes muy similares al anterior por parte del señor Mamá. En algún punto consideré la opción de acicalarme y alcanzarlo, sin embargo, era fin de semana de “desintoxicación”, por lo que mi mejor movimiento fue ponerme la pijama y meterme bajo las sábanas.

Al día siguiente, con una cruda de esas que te obligan a decir: no lo vuelvo a hacer, nos despertamos temprano, fuimos por algo para desayunar, hicimos las compras obligadas y retornamos a la ciudad en calidad de bultos. El señor Mamá envió mensaje avisando que ya no se encontraba en Tequisquiapan, sino en aquel estado donde actualmente radicaba.

Ese domingo la Profis continuaba con la ardua labor de mudanza, la alcancé en su nuevo hogar, y mientras la ayudaba en el acomodo, noté en la cocina el delantal con la frase de inicio: “Dios perdona los pecados, no las pendejadas”. En se momento reconocí que mi desidia fue una total pendejada, dejar la oportunidad de vivir un idilio momentáneo con un guapo alemán fue una reverenda tontería, si consideramos que este tipo de oportunidades se presentan pocas veces en la vida, es de esos sueños extraños que cuando se vuelven realidad, no sabes qué hacer con ellos.

La desintoxicación de aquellos seres que sólo habían logrado mutilar mi autoestima hasta ese momento, pudo haber sido superada con mayor velocidad. Sin embargo, el tiempo ha hecho lo suyo, y al día de hoy mi corazón se encuentra bien. No obstante, puedo decir que el “y si…” de ese sábado con el señor Mamá aún hace mella. Me consuelo en la frase “las cosas suceden por algo”, pero no dejo de reconocer que “el hubiera es el pasado del verbo ni modo”.

lunes, 10 de agosto de 2009

Autosabotaje...

Tal y como lo sospechaba, el Sr. Sonrisa reapareció, regresó por la puerta grande y “reloaded”, esto último, sinceramente no lo esperaba, creí que regresaría más como conocido lejano que como “bien conocido” cercano.

Puedo decir que los días que hemos compartido desde su regreso son extraordinarios, las pláticas, los juegos, los besos, los abrazos, el sentirme querida e importante, el hacerlo sentirse querido es un bálsamo, y evidentemente las sonrisas en complicidad, no las cambio por nada. Me embriaga su novedosa ternura, sus brazos que no se cansan de mantenerme abrazada y su incesante dedicación.

Todo va a todas margaritas, de no ser por el pequeño detalle de mi putrefacto miedo. La experiencia me dice que la primera vez que alguien te lastima es su culpa, la segunda es sólo mía. Tengo un pavor a que Doña Ros me repita: te lo dije, ese personaje no es para ti, pero ahí vas de terca.

Si, lo reconozco, tengo miedo y sé que es este miedo rancio el que me autosabotea y me hace hacer un berrinche cuando no he recibido mas que atenciones del Sr. Sonrisa, quien aún y cuando le hago un tremendo berrinche, sólo me calla la boca a besos y me dice te quieros: “así eres y así te quiero”.

Soy dramática y berrinchuda por naturaleza, mi poca madurez me ha permitido reconocerlo, aunque no he podido manejarlo del todo, sin embargo, me queda clarito que estos dramas lejos de darle sabor a la vida, sólo la complican.

Me odio cuando soy yo quien construye barreras tontas donde no deben de ir, que gastan mi energía y desgastan las emociones al punto de darle al traste algo que se ha ido reconstruyendo por si sólo.

Me choca azotarme, pero la costumbre es más fuerte que la razón, ¡ja!. No obstante, en esta ocasión y aunque salga más raspada que rodilla en pavimento, haré mi mejor esfuerzo por dejarme llevar, por permitir al Sr. Sonrisa que dé todo lo que tenga que dar, y que me siga sorprendiendo. ¿Quién soy yo para negarme a la oportunidad de que me quieran querer y yo pueda volver a querer?

viernes, 5 de junio de 2009

Novedades en el frente...

Con la novedad que Mr. Bear me la volvió a aplicar, o más bien, yo permití que me la volviera a aplicar, recapitulemos, hace dos añitos se partió la mandarina en gajos en su auto, estuve con él durante su convalecencia, para que mes y medio después, el individuo se consiguiera novia, que lejanamente era la Caperuza. Pues esto de los ciclos es muy cierto, ya que se volvió a partir la mandarina en gajos (o la pata en cachitos), estuve como idiota a su lado durante su convalecencia, y ya tiene novia.

Similitudes entre una y otra ocasión tenemos varias: (i) Volvió a tener la nula delicadeza de avisarme algo como: Caperuza, la neta tengo vieja. (ii) Me volvió a partir el queso, aunque creo que en esta ocasión ya no fue tan devastador el golpe, al menos no duré tanto tiempo en coma emocional. (iii) Me encuentro en la firme propuesta de no volver a tener ni un mínimo contacto con él. Dentro de las diferencias podemos encontrar: (i) Que en esta segunda ocasión, empezó a salir con la gurrumina antes de que fuera dado de alta de su convalecencia y, (ii) no se trata de la misma mozuela por la cual me botó la primera vez.

Da igual, el punto importante es que pude constatar esto de que lo que no es pa’ ti, aunque te pongas, que el cariño de uno sólo no es suficiente pa’ que el otro también quiera querer y lo más importante: yo soy la única responsable de permitir que una persona que me hubiere lastimado en el pasado, tenga la puntada de volverme a lastimar.

Esto de que los seres humanos somos los únicos que tropezamos dos veces con la misma piedra, pues la neta es tan cierto, que mi intención no estriba en no querer volver a tropezar, sino que al menos cambie a la piedra, no por otra cosa, sino para que no me aburra y darle variedad al asunto.

Dentro de todo, las novedades “buenas” son que el General reapareció, al menos por un fin de semana, lo disfruté, me sirvió, me recordó lo lindo que es ser tratada como una princesa. Posiblemente su función es esa, hacerme sentir como princesa.

Me queda bien claro que dolores como estos me faltan muchos por vivir, pero mientras, me voy al exilio con una que otra botellita como aliciente a la Feria del Vino; como dice mi papá, Don Mike, palabras más, palabras menos: sólo voy a sufrir … las crudas.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Dejar de buscarle chichis a las hormigas...

Hoy he tomado una resolución, que aunque me duela, creo que servirá a mi salud física y mental. Sé que voy a recaer, soy débil ante esas palabras, ante ese beso, ante esa caricia, pero creo que una vez sabiendo el camino, es más fácil levantarse y seguir.

Cada vez que me lo he propuesto, y trato de evitarte a toda costa, tú vuelves a buscarme.  Y debo reconocer que lo que tú me ofreces en algún momento era suficiente para mi, sin embargo, cuando la diversión se aleja y en su lugar queda la ansiedad, ya no es tan bueno.

Llevo dos días enferma, la energía de mi cuerpo parece que se hubiera extinguido, y en mi mente sólo te tengo a ti, y esa opresión en mi corazón porque hoy no sé si quieras estar conmigo. Perdón, pensé que podía, pero ya no creo ser capaz de soportar esto que sólo me desgasta.

No te culpo de mi estado físico ni anímico, para nada, de esto yo soy la única responsable, pero pienso que es momento oportuno para despedirme. Ya me harté de azotarme dos semanas y a la tercera tú regreses como si nada hubiera sucedido, para volver a empezar este ciclo que cada día me desgasta más.

No puedo negar que me emocionó mucho que me necesitaras por algún tiempo, que requirieras mi presencia para sentirte un poquito aliviado, sin embargo, sucedió lo que me temía... Con la salud de tu pié, regresa esa coraza cada vez más fuerte, que sólo con tocarla quema la piel y las esperanzas.

Hoy lo reconozco, mi cariño no es suficiente para los dos, mis castillos los he construido únicamente de ilusiones, y ya no quiero vivir de ilusiones, esas sólo se comen mi energía y me dejan como después de haber peleado diez rounds.

Sé que no existe fórmula mágica para que tú me quieras, y ya agoté mis esperanzas de que un día ocurra. No sé si vuelva a verte o no, eso ya dejó de tener importancia, creo que una vez más dejé de ser importante para ti.

No me imagino ser lo suficientemente capaz de vivir esta historia una vez más, por tanto hoy te dejo libre, te dejo ir de mi corazón, dejo de buscarle chichis a las hormigas y me dejo de azotar. Por eso hoy te digo adiós.

jueves, 30 de abril de 2009

Abrázame...

Chale, que tristes días se viven en mi ciudad, lejos del miedo de morir, lejos del pánico de la pandemia, existe el miedo de acercarnos físicamente.

Considerando que actualmente las relaciones se han vuelto cada vez más frías, y que es más fácil escribir un correo electrónico antes de sentarse frente a frente con un café de por medio y decirse a los ojos lo que se siente. Considerando que un mensaje de celular nos da el mismo efecto (pasteurizado) que el roce de unos labios o una mano. Se nos ha olvidado lo importante que puede ser un beso, un roce, un abrazo. 

Resulta que la Caperuza después de más de un año y medio de salir bien librada de tantos virus griposos y tosudos, no salió tan bien librada de la gripe común justo cuando el hecho de un estornudo puede provocar el pánico de cualquiera que se encuentre a tu alrededor (ya ves, mi costumbre de ser impertinente, hasta para enfermarme) con esto del virus desperdigado, el que bautizaron con el nombre de “influenza porcina”. Lo anterior ocasionó que mi gripe común fuese vigilada por médicos, por Doña Ros y por la Niña Sueña (alias: la Profis). Hasta el color de mis mocos fue estrictamente vigilado, mis ojitos, mi temperatura, y bueno, gracias a Dios, sólo fue una gripe común, la cual convalecí entre mi laptop, facebook, la tele y obvio los cuidados de tan lindas mujercitas.

Sin embargo, hay un ligero detalle en el que caí en cuenta mientras meditaba de frente al tirol del techo de mi recámara: me hace falta un abrazo. Debo de reconocer que soy una persona que cuido mi espacio vital lo más posible, no obstante, me gusta que mi gente, la que quiero, me abrace. Y hoy, por “higiene” y por “supervivencia” hay que evitar los besos y los abrazos, hay que evitar el contacto físico. 

Hasta ahora valoro los abrazos diarios que me da Doña Ros, cuando despierto, cuando regreso del trabajo, cuando por gusto me dice: mijita te quiero. Supongo que no tomaba su valor porque los he tenido a diario.

También al estar encerrada y no tener la posibilidad de visitar a Mr. Bear en su convalecencia, me he puesto a pensar lo importante que es para alguien que no puede moverse la presencia y el contacto físico de aquellos que lo cuidan. Posiblemente porque Mr. Bear tiene la capacidad de mover mis sentimientos más cursis, quisiera estar ahí abrazándolo, aún cuando no pueda calmar el dolor de su pié, creo que el abrazo de alguien que te quiere sinceramente si no alivia el dolor físico, al menos le pone un curita al alma.

Estos días me recuerdan lo importante que es el contacto físico entre los seres humanos; y aún con el riesgo a contagiarme de virus “exóticos”, quiero un abrazo.

lunes, 20 de abril de 2009

¿Qué pasa conmigo?

El día de hoy fuiste el causante de los sentimientos encontrados que traigo en mi corazón, sentí una emoción indescriptible al saber que necesitabas de mi, cuando sonó el teléfono y con voz dolorosa me dijiste: “Hola Corazón, sé que te dije que me sentía mal, pero ¿puedes venir un ratito?”, sin embargo, verte tan vulnerable, y permitir que te viera así, me dobló el alma.

Después de una semana sin saber de ti, el día de ayer me avisaste por teléfono que estabas en el hospital, que la intención principal por la cual me informabas era para que yo no me enojara, porque “luego no avisas”. También me contaste que te habías roto la patita y estabas recién operado, por “si quería irte a ver”. Lamentablemente, no podía correr al pié de tu cama, porque estaba fuera de la ciudad en un evento social, aunque ganas no me faltaban para ir a tu lado.

Hoy tenía muchas ganas de estar contigo, de papacharte, y cuando te llamé, me dijiste que preferías otro día, ya que el dolor era insoportable y no querías que te viera así. No obstante, a la hora me llamaste para que fuera contigo, no puedo negar que me hiciste sonreír.

Estar a tu lado, cuidarte un ratito, papacharte, tener tus manos entre las mías, platicar, contarme con lujo de detalle cómo te rompiste la patita, pero sobre todo que te sintieras cómodo pidiéndome que estuviera ahí, me desarmó. Siempre que estamos juntos, reconozco el cariño en tus besos, aunque trato de proteger mi corazón. Los años que tenemos de historia, me han hecho tratar de cuidarme cada vez un poquito más.

Aún cuando tu docilidad que devienen de tu estado físico me desarmó, si pudiera asemejar mi corazón a una cebolla, creo que podría decirse que aún quedaban unas dos capas, las cuales cayeron conforme el dolor de tu pie iba en aumento.

Traté de ayudarte en lo que podía, sostener tu mano cuando el dolor aumentaba, pero me sentía tan impotente de no tener el remedio mágico que te quitara ese dolor que hacía que tu frente se cubriera por perlas de sudor y tus ojos se llenaran de lágrimas. Te medicamos lo más pronto posible y estuve ahí hasta que el dolor disminuyó lo suficiente como para poder dejarte solo.

Creí que tenía dominadas mis emociones hacia ti, sin embargo hoy al verte así no pude más, tuve que aceptar con lágrimas en los ojos que mis sentimientos por ti siguen tan vivos y tan fuertes.

Por más que duela, sé que durante tu convalecencia estaré ahí, contigo, aún cuando vuelva a ocurrir lo que suele suceder, que cuando la salud regrese a tu cuerpo, también la coraza que hay en tu corazón, que por mucho que el día de hoy me permitas verte tan vulnerable y te dejes cuidar, cuando ya no necesites más de mis cuidados, se cerrará este ciclo y te volverás a alejar de mi.

Por Dios, ¿qué pasa conmigo?, aún cuando sé como acaba esta película, ¿tengo el cinismo de volver a soportar ese dolor que me causa tu lejanía una vez más? ¿O será la esperanza, esa que me hace mantener la ilusión de que esta vez si te quedarás a mi lado?

sábado, 4 de abril de 2009

La Amenaza

Bien me lo decía mi madre: no le hables a gente extraña, yo como buena hija pongo en duda las sabias palabras de Doña Ros, y siempre termino diciéndome a mi misma que debí haber seguido el consejo oportuno de mi mamá, a quien una vez más la vida le dio la razón.

Todo comenzó cuando entré a mi nuevo empleo, lugar conocido para mi, gente conocida desde hace algunos años y otra tanta nueva que me recibía con sonrisas. Pues bien, en el área en la que laboro estaba una mujer con un cargo superior al mío, que había entrado no más de un mes antes que yo. La mujer en cuestión la denominaremos la “Bruja Cucha”.

La Bruja Cucha me recibió con sus reservas, era rara en si misma, tenía (o tiene) una cara rara (tirándole a bien pinche fea), pero un cuerpo de diez, digo no me gustan las viejas, pero una reconoce lo evidente: alta, buena pierna, chichis abundantes y bien paradas, delgada, trasero suficiente, y en general tenía (o tiene) buen físico; sin embargo el carácter fue donde la puerca torció el rabo, ya que no le hablaba mas que a personas selectas y a las becarias. A mi me saludaba cuando ocasionalmente me tenía frente a ella y no tenía forma de eludir un: buenos días. Aún con un carácter tan hostil, me dije a mi misma que debía hacer un esfuerzo por llevar una relación cordial con ella, aún cuando no le reportaba directamente, no es bueno hacerse de enemigos en el nuevo lugar de trabajo, ni mucho menos en la misma área, juro que lo intenté pero su hostilidad podía más.

Dentro de los motivos que me hacían pensar que la Bruja Cucha era un animalito de Dios que sólo estaba algo confundido era que decía tener a su mamá enferma, casi al punto de la muerte en cardiología; pensé que la problemática familiar no le daba el ánimo suficiente como para socializar. Tan penoso asunto, la hacía faltar al trabajo con mucha regularidad y la Caperuza terminaba viendo los asuntos que ella usualmente tenía asignados y estaban o a la mitad u olvidados en un cajón.

La Pinche Bruja… digo, la Bruja Cucha en algún momento que la agarré de buenas mientras me perjudicaba un pulmón (salí a fumar), tuvo a bien contarme que en menos de dos meses se casaría con el hombre de su vida, y que era un poquito menor que ella, pero eso no era óbice para estar locamente enamorada de él (luego me enteré que le lleva al muchacho algo así como siete añitos), y que estaba preparando el bodorrio del siglo.

La Bruja Cucha, como cualquier nuevo empleado de la empresa, debía cumplir con tres meses de prueba y posteriormente se le daría la planta, sin embargo, mi jefa, es decir, la Jefaza de mi Vidaza tenía serias dudas sobre su contratación definitiva, dudas que compartió conmigo, exponiendo los siguientes motivos que me parecieron bastante coherentes: (i) viene a trabajar a lo mucho tres veces por semana, las cuales son aleatorias y ni avisa, so pretexto de la enfermedad de su mamá, (ii) cuando la muchachona nos honra con su presencia, suele llegar entre hora y media y dos horas tarde, (iii) se va sin avisar usualmente una hora antes, o simplemente no regresa de la hora de la comida, eso si, deja su saquito en el respaldo de su silla pa’ dar la finta, (iv) no entrega lo que se le pide, y si por gracia de los Dioses lo entrega, segurito algo está mal. Con la exposiciones de motivos antes reseñada, la Jefaza de mi Vidaza me comunicó que era su decisión mandarla a bailar con Bertha las calmadas tan pronto cumpliera con los tres meses.

El fin de los tres meses llegó y con ello, la Bruja Cucha fue llamada pa’ avisarle por parte de Recursos Humanos que le agradecían mucho las atenciones, pero que lamentablemente no sería contratada. Por la Jefaza de mi Vidaza me enteré que se puso medio ruda y que le tomó por sorpresa su despido, ya que “creía que era una empresa decente y que la iban a apoyar en tan difícil momento de la salud de su madre”.

Cuentan las malas lenguas (viperinas como suelen ser) que el viernes anterior al despido se le había visto a la mamá jugando tenis en renombrado club, y se encontraba muy sanita. Y entre la información que nos llegó por personas distintas fue que su mamá nomás nunca se enfermó. Me pregunto: ¿Qué persona en su sano juicio enferma a su madre pa’ agarrarla de pretexto pa’ su tremenda conchudez? Sin embargo, el mismo día del despido confirmé mi teoría de que la Bruja Cucha no era para nada una persona en su sano juicio.

Ese día después del aviso, agarro sus chivas y se fue tan rápido que ni la vi, como imaginarán, mi corazón no se apachurró mucho que digamos, y aunque sentía feo que alguien a punto de casarse se quedará sin empleo, la huevonez de la Bruja Cucha me tenía trabajando a marchas forzadas, por lo que alivié a mi corazón recordando esa frase que dice: “¡¡¡si no ayudas, no estorbes!!!”.

El resto del día me la pasé supliéndola en reuniones, por lo que me pude sentar a trabajar por ahí de las cinco de la tarde. Me senté, di un respiro, y al escuchar los mensajes en mi grabadora, me percaté de un mensaje, que palabras más, palabras menos decía lo siguiente: “Ya sabes quien habla, lograste lo que querías quedarte con mi puesto, pero por mucho que te quedes con él nunca lograrás ser como yo. Eres igual que las otras viejas del área, pinche gorda malcogida, pero créeme que soy una vieja muy cabrona, así que cuídate de mi porque me las vas a pagar”.

Obviamente, se tomaron las medidas de seguridad pertinentes, entre las que destacaban que no podía salir a ningún lado si no era acompañada. Ese viernes no salí de mi casa, y después de dos días mi susto fue mutando a carcajadas.

Sin embargo, analizando el rancio mensaje de la Bruja Cucha, es interesante hacer mención de lo siguiente:

1) ¿Qué clase de imbécil deja un mensaje amenazador en una grabadora que guarda el número de teléfono del cual llama?

2) La Bruja Cucha en verdad creyó que era mala leche de alguien su despido, en este caso me señaló a mi como la autora intelectual del mismo, sin darse cuenta que su mal desempeño y su escasa asistencia eran el motivo real. ¿Por qué diablos los humanos tenemos la capacidad de culpar primero a cualquier otro antes de verificar nuestros actos?

3) Analizando el mensaje en si mismo: (a) Logré quedarme con su puesto. Pues no, la mera verdad no, se cerró esa plaza y ni tiempo, ni ganas. (b) Ser como ella. Ahí si tenía toda la razón, bendito Dios, no me gustaría que me apodaran como a ella: la fea. (c) Pinche gorda. Ahí tampoco le doy toda la razón, no estoy buena como ella, pero gorda nel!!! (d) Mal cogida. Un punto más en el que se equivoca, ya que para estar mal cogida, se presume que uno coge, y yo ni cojo desde hace un rato.

Lo anterior me lleva a una simple conclusión: Prometo hacer más caso a los consejos de mi mamá.