viernes, 5 de junio de 2009
Novedades en el frente...
miércoles, 20 de mayo de 2009
Dejar de buscarle chichis a las hormigas...
Hoy he tomado una resolución, que aunque me duela, creo que servirá a mi salud física y mental. Sé que voy a recaer, soy débil ante esas palabras, ante ese beso, ante esa caricia, pero creo que una vez sabiendo el camino, es más fácil levantarse y seguir.
Cada vez que me lo he propuesto, y trato de evitarte a toda costa, tú vuelves a buscarme. Y debo reconocer que lo que tú me ofreces en algún momento era suficiente para mi, sin embargo, cuando la diversión se aleja y en su lugar queda la ansiedad, ya no es tan bueno.
Llevo dos días enferma, la energía de mi cuerpo parece que se hubiera extinguido, y en mi mente sólo te tengo a ti, y esa opresión en mi corazón porque hoy no sé si quieras estar conmigo. Perdón, pensé que podía, pero ya no creo ser capaz de soportar esto que sólo me desgasta.
No te culpo de mi estado físico ni anímico, para nada, de esto yo soy la única responsable, pero pienso que es momento oportuno para despedirme. Ya me harté de azotarme dos semanas y a la tercera tú regreses como si nada hubiera sucedido, para volver a empezar este ciclo que cada día me desgasta más.
No puedo negar que me emocionó mucho que me necesitaras por algún tiempo, que requirieras mi presencia para sentirte un poquito aliviado, sin embargo, sucedió lo que me temía... Con la salud de tu pié, regresa esa coraza cada vez más fuerte, que sólo con tocarla quema la piel y las esperanzas.
Hoy lo reconozco, mi cariño no es suficiente para los dos, mis castillos los he construido únicamente de ilusiones, y ya no quiero vivir de ilusiones, esas sólo se comen mi energía y me dejan como después de haber peleado diez rounds.
Sé que no existe fórmula mágica para que tú me quieras, y ya agoté mis esperanzas de que un día ocurra. No sé si vuelva a verte o no, eso ya dejó de tener importancia, creo que una vez más dejé de ser importante para ti.
No me imagino ser lo suficientemente capaz de vivir esta historia una vez más, por tanto hoy te dejo libre, te dejo ir de mi corazón, dejo de buscarle chichis a las hormigas y me dejo de azotar. Por eso hoy te digo adiós.
jueves, 30 de abril de 2009
Abrázame...
Chale, que tristes días se viven en mi ciudad, lejos del miedo de morir, lejos del pánico de la pandemia, existe el miedo de acercarnos físicamente.
Considerando que actualmente las relaciones se han vuelto cada vez más frías, y que es más fácil escribir un correo electrónico antes de sentarse frente a frente con un café de por medio y decirse a los ojos lo que se siente. Considerando que un mensaje de celular nos da el mismo efecto (pasteurizado) que el roce de unos labios o una mano. Se nos ha olvidado lo importante que puede ser un beso, un roce, un abrazo.
Resulta que la Caperuza después de más de un año y medio de salir bien librada de tantos virus griposos y tosudos, no salió tan bien librada de la gripe común justo cuando el hecho de un estornudo puede provocar el pánico de cualquiera que se encuentre a tu alrededor (ya ves, mi costumbre de ser impertinente, hasta para enfermarme) con esto del virus desperdigado, el que bautizaron con el nombre de “influenza porcina”. Lo anterior ocasionó que mi gripe común fuese vigilada por médicos, por Doña Ros y por la Niña Sueña (alias: la Profis). Hasta el color de mis mocos fue estrictamente vigilado, mis ojitos, mi temperatura, y bueno, gracias a Dios, sólo fue una gripe común, la cual convalecí entre mi laptop, facebook, la tele y obvio los cuidados de tan lindas mujercitas.
Sin embargo, hay un ligero detalle en el que caí en cuenta mientras meditaba de frente al tirol del techo de mi recámara: me hace falta un abrazo. Debo de reconocer que soy una persona que cuido mi espacio vital lo más posible, no obstante, me gusta que mi gente, la que quiero, me abrace. Y hoy, por “higiene” y por “supervivencia” hay que evitar los besos y los abrazos, hay que evitar el contacto físico.
Hasta ahora valoro los abrazos diarios que me da Doña Ros, cuando despierto, cuando regreso del trabajo, cuando por gusto me dice: mijita te quiero. Supongo que no tomaba su valor porque los he tenido a diario.
También al estar encerrada y no tener la posibilidad de visitar a Mr. Bear en su convalecencia, me he puesto a pensar lo importante que es para alguien que no puede moverse la presencia y el contacto físico de aquellos que lo cuidan. Posiblemente porque Mr. Bear tiene la capacidad de mover mis sentimientos más cursis, quisiera estar ahí abrazándolo, aún cuando no pueda calmar el dolor de su pié, creo que el abrazo de alguien que te quiere sinceramente si no alivia el dolor físico, al menos le pone un curita al alma.
Estos días me recuerdan lo importante que es el contacto físico entre los seres humanos; y aún con el riesgo a contagiarme de virus “exóticos”, quiero un abrazo.
lunes, 20 de abril de 2009
¿Qué pasa conmigo?
El día de hoy fuiste el causante de los sentimientos encontrados que traigo en mi corazón, sentí una emoción indescriptible al saber que necesitabas de mi, cuando sonó el teléfono y con voz dolorosa me dijiste: “Hola Corazón, sé que te dije que me sentía mal, pero ¿puedes venir un ratito?”, sin embargo, verte tan vulnerable, y permitir que te viera así, me dobló el alma.
Después de una semana sin saber de ti, el día de ayer me avisaste por teléfono que estabas en el hospital, que la intención principal por la cual me informabas era para que yo no me enojara, porque “luego no avisas”. También me contaste que te habías roto la patita y estabas recién operado, por “si quería irte a ver”. Lamentablemente, no podía correr al pié de tu cama, porque estaba fuera de la ciudad en un evento social, aunque ganas no me faltaban para ir a tu lado.
Hoy tenía muchas ganas de estar contigo, de papacharte, y cuando te llamé, me dijiste que preferías otro día, ya que el dolor era insoportable y no querías que te viera así. No obstante, a la hora me llamaste para que fuera contigo, no puedo negar que me hiciste sonreír.
Estar a tu lado, cuidarte un ratito, papacharte, tener tus manos entre las mías, platicar, contarme con lujo de detalle cómo te rompiste la patita, pero sobre todo que te sintieras cómodo pidiéndome que estuviera ahí, me desarmó. Siempre que estamos juntos, reconozco el cariño en tus besos, aunque trato de proteger mi corazón. Los años que tenemos de historia, me han hecho tratar de cuidarme cada vez un poquito más.
Aún cuando tu docilidad que devienen de tu estado físico me desarmó, si pudiera asemejar mi corazón a una cebolla, creo que podría decirse que aún quedaban unas dos capas, las cuales cayeron conforme el dolor de tu pie iba en aumento.
Traté de ayudarte en lo que podía, sostener tu mano cuando el dolor aumentaba, pero me sentía tan impotente de no tener el remedio mágico que te quitara ese dolor que hacía que tu frente se cubriera por perlas de sudor y tus ojos se llenaran de lágrimas. Te medicamos lo más pronto posible y estuve ahí hasta que el dolor disminuyó lo suficiente como para poder dejarte solo.
Creí que tenía dominadas mis emociones hacia ti, sin embargo hoy al verte así no pude más, tuve que aceptar con lágrimas en los ojos que mis sentimientos por ti siguen tan vivos y tan fuertes.
Por más que duela, sé que durante tu convalecencia estaré ahí, contigo, aún cuando vuelva a ocurrir lo que suele suceder, que cuando la salud regrese a tu cuerpo, también la coraza que hay en tu corazón, que por mucho que el día de hoy me permitas verte tan vulnerable y te dejes cuidar, cuando ya no necesites más de mis cuidados, se cerrará este ciclo y te volverás a alejar de mi.
Por Dios, ¿qué pasa conmigo?, aún cuando sé como acaba esta película, ¿tengo el cinismo de volver a soportar ese dolor que me causa tu lejanía una vez más? ¿O será la esperanza, esa que me hace mantener la ilusión de que esta vez si te quedarás a mi lado?
sábado, 4 de abril de 2009
La Amenaza
Bien me lo decía mi madre: no le hables a gente extraña, yo como buena hija pongo en duda las sabias palabras de Doña Ros, y siempre termino diciéndome a mi misma que debí haber seguido el consejo oportuno de mi mamá, a quien una vez más la vida le dio la razón.
Todo comenzó cuando entré a mi nuevo empleo, lugar conocido para mi, gente conocida desde hace algunos años y otra tanta nueva que me recibía con sonrisas. Pues bien, en el área en la que laboro estaba una mujer con un cargo superior al mío, que había entrado no más de un mes antes que yo. La mujer en cuestión la denominaremos la “Bruja Cucha”.
La Bruja Cucha me recibió con sus reservas, era rara en si misma, tenía (o tiene) una cara rara (tirándole a bien pinche fea), pero un cuerpo de diez, digo no me gustan las viejas, pero una reconoce lo evidente: alta, buena pierna, chichis abundantes y bien paradas, delgada, trasero suficiente, y en general tenía (o tiene) buen físico; sin embargo el carácter fue donde la puerca torció el rabo, ya que no le hablaba mas que a personas selectas y a las becarias. A mi me saludaba cuando ocasionalmente me tenía frente a ella y no tenía forma de eludir un: buenos días. Aún con un carácter tan hostil, me dije a mi misma que debía hacer un esfuerzo por llevar una relación cordial con ella, aún cuando no le reportaba directamente, no es bueno hacerse de enemigos en el nuevo lugar de trabajo, ni mucho menos en la misma área, juro que lo intenté pero su hostilidad podía más.
Dentro de los motivos que me hacían pensar que la Bruja Cucha era un animalito de Dios que sólo estaba algo confundido era que decía tener a su mamá enferma, casi al punto de la muerte en cardiología; pensé que la problemática familiar no le daba el ánimo suficiente como para socializar. Tan penoso asunto, la hacía faltar al trabajo con mucha regularidad y la Caperuza terminaba viendo los asuntos que ella usualmente tenía asignados y estaban o a la mitad u olvidados en un cajón.
La Pinche Bruja… digo, la Bruja Cucha en algún momento que la agarré de buenas mientras me perjudicaba un pulmón (salí a fumar), tuvo a bien contarme que en menos de dos meses se casaría con el hombre de su vida, y que era un poquito menor que ella, pero eso no era óbice para estar locamente enamorada de él (luego me enteré que le lleva al muchacho algo así como siete añitos), y que estaba preparando el bodorrio del siglo.
La Bruja Cucha, como cualquier nuevo empleado de la empresa, debía cumplir con tres meses de prueba y posteriormente se le daría la planta, sin embargo, mi jefa, es decir, la Jefaza de mi Vidaza tenía serias dudas sobre su contratación definitiva, dudas que compartió conmigo, exponiendo los siguientes motivos que me parecieron bastante coherentes: (i) viene a trabajar a lo mucho tres veces por semana, las cuales son aleatorias y ni avisa, so pretexto de la enfermedad de su mamá, (ii) cuando la muchachona nos honra con su presencia, suele llegar entre hora y media y dos horas tarde, (iii) se va sin avisar usualmente una hora antes, o simplemente no regresa de la hora de la comida, eso si, deja su saquito en el respaldo de su silla pa’ dar la finta, (iv) no entrega lo que se le pide, y si por gracia de los Dioses lo entrega, segurito algo está mal. Con la exposiciones de motivos antes reseñada, la Jefaza de mi Vidaza me comunicó que era su decisión mandarla a bailar con Bertha las calmadas tan pronto cumpliera con los tres meses.
El fin de los tres meses llegó y con ello, la Bruja Cucha fue llamada pa’ avisarle por parte de Recursos Humanos que le agradecían mucho las atenciones, pero que lamentablemente no sería contratada. Por la Jefaza de mi Vidaza me enteré que se puso medio ruda y que le tomó por sorpresa su despido, ya que “creía que era una empresa decente y que la iban a apoyar en tan difícil momento de la salud de su madre”.
Cuentan las malas lenguas (viperinas como suelen ser) que el viernes anterior al despido se le había visto a la mamá jugando tenis en renombrado club, y se encontraba muy sanita. Y entre la información que nos llegó por personas distintas fue que su mamá nomás nunca se enfermó. Me pregunto: ¿Qué persona en su sano juicio enferma a su madre pa’ agarrarla de pretexto pa’ su tremenda conchudez? Sin embargo, el mismo día del despido confirmé mi teoría de que la Bruja Cucha no era para nada una persona en su sano juicio.
Ese día después del aviso, agarro sus chivas y se fue tan rápido que ni la vi, como imaginarán, mi corazón no se apachurró mucho que digamos, y aunque sentía feo que alguien a punto de casarse se quedará sin empleo, la huevonez de la Bruja Cucha me tenía trabajando a marchas forzadas, por lo que alivié a mi corazón recordando esa frase que dice: “¡¡¡si no ayudas, no estorbes!!!”.
El resto del día me la pasé supliéndola en reuniones, por lo que me pude sentar a trabajar por ahí de las cinco de la tarde. Me senté, di un respiro, y al escuchar los mensajes en mi grabadora, me percaté de un mensaje, que palabras más, palabras menos decía lo siguiente: “Ya sabes quien habla, lograste lo que querías quedarte con mi puesto, pero por mucho que te quedes con él nunca lograrás ser como yo. Eres igual que las otras viejas del área, pinche gorda malcogida, pero créeme que soy una vieja muy cabrona, así que cuídate de mi porque me las vas a pagar”.
Obviamente, se tomaron las medidas de seguridad pertinentes, entre las que destacaban que no podía salir a ningún lado si no era acompañada. Ese viernes no salí de mi casa, y después de dos días mi susto fue mutando a carcajadas.
Sin embargo, analizando el rancio mensaje de la Bruja Cucha, es interesante hacer mención de lo siguiente:
1) ¿Qué clase de imbécil deja un mensaje amenazador en una grabadora que guarda el número de teléfono del cual llama?
2) La Bruja Cucha en verdad creyó que era mala leche de alguien su despido, en este caso me señaló a mi como la autora intelectual del mismo, sin darse cuenta que su mal desempeño y su escasa asistencia eran el motivo real. ¿Por qué diablos los humanos tenemos la capacidad de culpar primero a cualquier otro antes de verificar nuestros actos?
3) Analizando el mensaje en si mismo: (a) Logré quedarme con su puesto. Pues no, la mera verdad no, se cerró esa plaza y ni tiempo, ni ganas. (b) Ser como ella. Ahí si tenía toda la razón, bendito Dios, no me gustaría que me apodaran como a ella: la fea. (c) Pinche gorda. Ahí tampoco le doy toda la razón, no estoy buena como ella, pero gorda nel!!! (d) Mal cogida. Un punto más en el que se equivoca, ya que para estar mal cogida, se presume que uno coge, y yo ni cojo desde hace un rato.
Lo anterior me lleva a una simple conclusión: Prometo hacer más caso a los consejos de mi mamá.
jueves, 19 de febrero de 2009
La sincronía perdida…
Por alguna razón que desconozco, los Dioses de la Sincronía me han dejado en el olvido, aunque creo que nunca fui una de sus hijas predilectas, el día de hoy creo que me han abandonado a mi suerte. ¿Por qué demonios se les olvida que sigo respirando?, ¿por qué no se acuerdan que aquí sigo esperando?, ¿acaso se divierten de mi falta de Sincronía y me ponen como ejemplo cuando dan sus cátedras sobre la importancia de tan vital elemento?
Divago, me pierdo, doy vueltas, me canso y me siento, sé donde estoy, tengo claro el camino que “debería seguir”, pero de algún modo la falta de Sincronía en mi existencia está dándole al traste todo lo que a fuerza de trabajo, empeño e ilusiones me he encargado de construir en el complejo mundo que tiene vida propia dentro de mi cabeza.
La Suerte, gran Señora y otro elemento vital para la existencia de la esperanza y las ilusiones, esa, creo que siempre me ha papachado, de repente se enoja y me da la espalda, pero creo que de ella si soy una de sus consentidas, y me cuida con tanto amor, que a veces me malcría.
Quisiera saber si el hecho de ser predilecta de la Suerte pone celosos a los Dioses de la Sincronía, ocasionando que la bondadosa Suerte tenga que trabajar al doble y a marchas forzadas para cuidar de mi.
¿Alguien me puede decir por qué quiero lo que no puedo obtener en este precioso memento –quise decir, preciso momento-, por qué la Sincronía se empeña en escurrirse de mis días?
¿Será simplemente que mi exceso de impertinencia sea el motivo principal para que la Suerte me cuide con tanta dedicación?
Ya no sé, ya no quiero saber, sólo me doy cuenta que cuando lo que creo que no quiero se pone de frente a mi, lo aparto de una patada y con pellizcos, y cuando lo veo mayugadito en el suelo y lo levanto, sólo se recarga en mi hombro para levantarse y sin dar las gracias simplemente se va.
Ojala algún día la tirria que me tienen los Dioses de la Sincronía se esfume, y podamos convivir tan a gusto, la Suerte, la Sincronía y yo…
Mientras, seguiré haciendo aquel ejercicio al cual acudo con frecuencia: Cierro los ojos, bien apretaditos, esperando que al abrirlos mis pensamientos, mis emociones, mi futuro y la querida Suerte, se encuentren por una sola vez en completa Sincronía.miércoles, 11 de febrero de 2009
¿Fuck Buddies, Amigos o Amantes?
Nos conocimos hace 3 años en la empresa de la que me renuncié, él trabaja en el área operativa y yo estaba en el área administrativa. Al principio no me caía muy bien, de hecho pensé que estaba detrás de los huesitos de una compañera que se sentaba a dos lugares del mío, y sucedió que un día al salir de la oficina, se ofreció amablemente a llevarme a mi casa (en ese entonces aún no contaba con un automóvil y me manejaba en el democrático camión), tomando en cuenta que no era muy temprano y el tiempo aproximado de mi regreso a casa en camioncito, opté por aceptar la oferta del señor.
Así fue como empezamos la costumbre de irnos juntos, platicando en los trayectos llenos de tráfico, oportunidades para saber más uno del otro. Él tenía novia en ese entonces, y a mi me gustaba mucho escuchar cómo platicaba de ella, es una sensación extraña pero agradable oír hablar con tanto cariño de una mujer a un hombre, aunque no se trate de alguien conocido. Al personaje en cuestión, lo denominaremos como “Mr. Bear”.
Pasaron los meses y la costumbre de irnos juntos ya era natural, y pasó que uno de esos días al llegar a la casa de una servidora, sin pensarlo, nos dimos el primer beso de muchos que auguraban esta relación (si así podemos llamarla). Debo decir que a mi no me agrada ser “la otra”, de hecho siempre he tratado de actuar (hasta ese momento) de tal forma que no me gusta hacer lo que no me gustaría que a mi me hicieran, me sentía culpable porque había alguien más en juego, que hasta donde yo sabía lo quería, con quien tenía una historia. Puedo argumentar en mi defensa que cuando estábamos juntos, el ambiente se electrizaba y no cabía espacio a la culpa, al menos no en ese momento.
Mi suerte duró muy poco, ya que después de unos meses tuve una nueva jefa, la cual tenía horarios extraños que no me permitían salir a “mi hora”, por lo que nuestros trayectos juntos se terminaron. Eventualmente cuando él salía muy tarde, me esperaba y me llevaba a mi casa, decía que no era seguro que me fuera yo sola a tan altas horas de la noche. Y en una de esas, me invitó a salir, la cita estaba agendada para el sábado a ver una película y cenar con unos tragos de por medio. Aunque rudo, me pareció prudente preguntar si seguía con “la novia” y en su caso, si los sábados no era uno de esos días que la costumbre marca como aquellos en que se debe salir a orear en compañía de dicha persona. Él respondió que las cosas no iban bien con ella y que tenía tiempo de no dedicarle tal día a su novia, por tanto, pues no me iba a hacer del rogar, y acepté.
El sábado por la noche me llevé una de las sorpresas más agradables, pues la hasta ahora “típica” invitación de cena y película con tragos incluidos fueron una pizza, botellas de vino y películas escogidas especialmente para la ocasión, todo obviamente en casa del susodicho. La noche pasó, la cena, las películas y obvio el buen y anhelado “postre”. Desperté entre los brazos del personaje que eventualmente me llevaba a mi casa (recordemos que en esos momentos ya no era tan frecuente), dejaba chocolates en mi lugar con notas que decían algo como: “Bonito día, Niña Linda”, y cuyo mayor defecto era: tener novia.
El defectito de Mr. Bear, me hizo tratar de racionalizar las cosas lo más posible, y repetirme una y mil veces que era sólo un juego, y que las cosas de novela sólo suceden en las “teleniverlas del 2”, es decir, no iba a dejar a su novia por mi, no iba a enamorarse locamente de la Caperuza y por consecuencia, debía asimilar las cosas lo más rápido, o como diría la Profis “salvar el culo” lo antes posible. Así fue como me empecé a alejar de Mr. Bear, y alguna vez que insistió en esperarme para llevarme a mi casa, tuvo a bien preguntar: oye Caperuza, después de lo que ha pasado entre nosotros, dime ¿tú saldrías conmigo ya en serio?, mi respuesta vino acompañada de una carcajada: obvio no, tú y yo sólo somos un juego, creo que pocas veces me han costado tan caro mis palabras.
Continuamos viéndonos cuando se nos antojaba, cogíamos cuando se nos pegaba la gana y hasta donde yo tenía entendido seguía con su novia. Adicionalmente, nos volvimos amigos, confidentes, pero el tema de su novia no se tocaba, era como un pacto entre nosotros, sin siquiera acordarlo.
Llegó diciembre y con el frío, la noticia de que tenía un rato de haber terminado la relación con su novia. Unas semanas después de enterarme, me percaté que mis sentimientos hacia él eran principios de una rara enfermedad denominada enamoramiento, aún tratando de bloquearlo, seguía creciendo ese sentimiento en mi, y me aventé como el Borras cuando se me ocurrió confesarle: te quiero, y te quiero bien. Su respuesta me dejó helada: Perdón Caperuza, pero ahorita acabo de terminar una relación y no quiero lastimarte, además yo sólo soy un juego para ti y no quiero que me lastimes.
Con el ego bastante mayugado, me volví a alejar, hasta que a principios de ese enero Mr. Bear volvió a buscarme como amigos, así fue que uno de esos días recibí una llamada del susodicho, en la cual me invitaba a festejar mi cumpleaños una semana en San Diego, mi única responsabilidad era obtener el permiso de vacaciones de mis superiores. Obtuve el permiso y dos días después, el muchacho estaba en el hospital ya que había tenido la graciosa puntada de haber embarrado su auto en el de otro individuo; me dijo que me cedía todo el viaje, que no lo perdiera y consiguiera a alguien más para ir, pero me apendejé y a final de cuentas el viaje se canceló.
Durante la convalecencia, el muchacho cayó en depresión, y mi espíritu de mamá gallina me hizo cuidarlo, y sacarlo del agujero en el que se encontraba. Nos acercamos tanto, que logramos conocernos no sólo como amigos, ni como fuck buddies, ni como amantes, sino como seres humanos. El joven salió de su depresión y mejoró físicamente, y hasta nuestras corazas que se habían perdido en el accidente, volvieron con más fuerza. Nos veíamos cada vez menos, nos necesitábamos cada día menos.
Así fue como en una reunión de la oficina, me enteré que el muchacho ya sanito, tenía como novia a una niña que trabajaba para él. Los calzones tuve que irlos a buscar al sótano del edificio, pero como cuando así me sucede, adopto cara de jugadora de póquer, y “me alegre” por la nueva pareja. No quise volver a saber de Mr. Bear, supuse que habían sido suficientes tonterías las que él y yo habíamos cometido como para tratar de arreglar aquello que ya no tenía arreglo. No podía pedir explicaciones, cuando él no me debía nada, yo di lo que quise dar y él dio lo que quiso dar.
El tiempo pasó y con el diciembre nuevamente a nuestras vidas, en el messenger un “Hola Caperuza” de Mr. Bear me sorprendió el 24 de diciembre, platica superficial, y de alguna forma, acepté volver a vernos ese día, terminamos platicando sentados en las escaleras de la entrada del edificio donde vive una servidora. Disculpas, perdones, recuerdos, corazón a galope, y me di cuenta que podemos hacer como si no existiéramos el uno para el otro por el tiempo que sea, pero al volver a vernos, también regresa esa química que sólo se da cuando estamos juntos.
Volvimos a tratarnos como amigos, supe que terminó su relación con la novia, y con el tiempo regresamos al papel de fuck buddies. Desde entonces, poco nos vemos, aunque siempre sabemos si uno necesita del otro. Hemos tenido nuestras altas y nuestras bajas, y creo que voy en la vigésima vez que por sus comentarios me digo a mi misma que no lo quiero volver a ver, para que la amnesia se apodere de mi cada que se vuelve a cruzar en mi camino. El viernes pasado nos volvimos a reunir, y es una sensación tan agradable platicar, besar, abrazar, escuchar, reír, sobre todo cuando todo lo anterior puedes hacerlo con la misma persona.
Sé que me quiere, sé que lo quiero, nos lo decimos con mucha frecuencia, y hemos logrado una compatibilidad bastante buena (en todos aspectos), aún cuando nos hemos esforzado en que no funcione, así las cosas, veamos las siguientes definiciones:
Fuck buddies: Es una relación ocasional y se usa para describir la relación física y emocional entre dos personas que pueden tener una relación sexual sin necesariamente exigir o esperar una relación romántica más formal. Es más que el sexo ocasional, que tiene poco o ningún elemento emocional, y diferente de un encuentro de una sola noche, ya que la relación se extiende más allá de un sólo encuentro sexual. (Traducción de Wikipedia)
Amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. (Diccionario de la Lengua Española, Vigésimo Segunda Edición)
Amante: Se dice de las cosas en que se manifiesta el amor o que se refieren a él. (Diccionario de la Lengua Española, Vigésimo Segunda Edición)
Con base en las definiciones antes citadas, he llegado a la conclusión que Mr. Bear y yo somos fuck buddies, amigos y amantes, que aún cuando nos hemos encargado de destruir todas y cada una de las oportunidades para que él y yo intentáramos tener una relación más formal, pasará mucho tiempo antes de que permita que el fantasma de Mr. Bear desaparezca, ya que aunque me cueste aceptarlo, sigue siendo un personaje real.