jueves, 8 de enero de 2009

Adiós al Sr. Sonrisa

El día de ayer, el Sr. Sonrisa y yo, nos dijimos adiós, nunca creí que pudiera dolerme tanto que este personaje desapareciera de mi vida, la verdad nunca pensé en la posibilidad de que el Sr. Sonrisa se alejara de mi. Imaginé que aún cuando la relación romántica-cachonda que llevábamos no funcionara, siempre quedaría la opción de ser amigos, hoy no sé si vuelva siquiera como amigo, aún cuando la vida nos dice que hay altas posibilidades de que si regrese.

El darme cuenta que una relación no funciona si ambas partes no están dispuestas, creo que me pudo en demasía, uno está conciente que una pareja es de dos, y todas esas cosas, pero cuando lo vives y tienes la enorme voluntad que funcione bien con esa persona en específico, esa que sabe escucharte, a quien quieres escuchar, con quien has convivido momentos de todo tipo, con quien los silencios no son incómodos, a quien puedes ganarle en el dominó y sólo sonríe y te da un beso, ese ser que tiene la enorme capacidad de aceptarte como eres, aún sin maquillaje (pobre, aún dudo que esto no lo haya impactado) y te ve con los mismos ojos que si tuviera puesto encima el vestido de noche más elegante, que se preocupa por ti y tus circunstancias y que cuando estas en sus brazos, el tiempo no corre y te sientes segura, querida e invencible; duele hasta la médula.

Durante algún tiempo estuve convencida que yo sola podría lograr que los temores y desidias del Sr. Sonrisa desparecieran con mi cariño, que mi cariño era suficiente para los dos, pero una vez más mis humos de soberbia fueron dispersados de tajo y con tan sólo un soplido. Todo porque no fui lo que él buscaba, aunque en cierto momento me convencí que él era lo que yo buscaba, lamentablemente me equivoqué por un fino detalle: él no está interesado en mi como yo de él.

El día de hoy me percato de aquello que no quería ver, es decir, que este personaje tiene a más de una que quisiera exclusividad en su corazón, ya que da la rara casualidad que una “amiga” le escribe diario en su página, y sube a la red, al menos dos fotos por semana en las cuales siempre está con él, ¡ja!, que simpático, no lo vi durante el último mes, ya que no podía por asuntos familiares, y si hay fotos con esta niña durante todo el mes de diciembre. ¿No habrá sido más bien que no tenía ganas de verme a mi? Y no está mal, es sólo que la ilusión nos ciega de las cosas que son evidentes.

Después de esto, sólo me queda un enorme hoyo en la panza y en el corazón, que espero pronto sanen, y le agradezco me haya permitido convivir durante este tiempo con él, que me haya permitido darme cuenta cómo me gusta ser papachada, cuidada y hoy sólo puedo decirle: Gracias Sr. Sonrisa, por el tiempo que estuviste, gracias por tu sinceridad, por todas las veces que iluminaste mis días con un simple: ¡Hola, mi niña! Gracias por tu sonrisa.

Creo que me enamoré cómo sólo las mujeres inteligentes sabemos hacerlo: como todas unas pendejas, ¡ja!

miércoles, 31 de diciembre de 2008

El día de hoy...

Me percaté haciendo el recuento de este año muy a la Bridget Jones, es decir:

Kilos perdidos = 20 kilos y con ellos también se han ido miles de complejos, mucha ropa talla extra grande, personajes rancios, temores infundados. Y al limpiar mi organismo pude limpiar mis emociones, mi espíritu, mi closet y mi cabeza.

Litros de alcohol consumidos = sin comentarios, si los juntamos me doy de santos de no haberme vuelto inflamable.

Amigos = un chingo de gente linda que aunque ya conocía se han ganado un especial afecto, otros tantos nuevos personajes que tienen mucho potencial para quedarse a pasar ratos de todo tipo en conjunto. Y obvio las personas que están siempre, y no por eso dejan de tener su importancia, al contrario, son como los buenos vinos, entre más tiempo pasa mejor saben esas complicidades, esas sonrisas, esos enojos, esas lágrimas, esos abrazos, esas cagadas, esas pedas, etc.

Trabajos renuncidos = Uno, y no me arrepiento (mal haría de arrepentirme de mis propias decisiones), he descubierto que existe un mundo alterno al de la oficina, en el que sale el sol, la gente sonríe (y camina por las calles), no sufro de gastritis, veo a mi gente entre semana y hasta me puedo dar el lujo de dormir temprano o despertar tarde. Además descubrí una nueva Caperuza (¿o será la vieja?, dá igual), la cual es ordenada, la cual no es impaciente, a la que le gusta estar en su casa y en su cocina, la que se ríe de cualquier estupidez, la que no le importa llorar en público, la que le gusta hacer ejercicio, la que disfruta del frío, la que devora libros sin ninguna piedad, la que escucha la música que quiere cuando quiere, la que no vuelve a agachar la cabeza por miedo de nada ni de nadie; y lo más importante, la que el día de hoy es feliz (sin un peso en la bolsa, pero feliz).

Trabajos obtenidos = Cero, bueno en uno casi casi estaba dentro, pero el hubiera es el pasado del verbo ni modo, así que ni pex, seguimos en ceros.

Galanes-Novios-Pretendientes = Chale, ya empezamos uno de los temas más espinosos, digamos que por un lado este año ha sido insólitamente divertido, han vuelto aquellos que andaban de parranda, como el General, o como el Señor Panza, han aparecido nuevos elementos como lo es el Señor Sonrisa y el Moto-Migra, pero ninguno de ellos se ha animado a quedarse de planta. Y ahí viene lo espinoso, sigo como empecé solita y mi alma, ilusionada con la reaparición del General, reconociendo cada paso que doy, con el temor (muy fundado) de que la constancia que lo ha caracterizado por las últimas semanas se esfume y él vuelva a desaparecer, dejando tras de si la desolación del derrumbe de todos los castillos que aún involuntariamente me permito construir con su presencia y sus atenciones. Sólo el tiempo dirá si se queda o se va.

Pedas memorables = Un chingo por contar, y más por recordar, las importantes creo que son aquellas en las que reí inconmensurablemente, entre las que encontramos: a) los Sábados Light de la Niña Sueña (la Profis) y esta Caperuza, en los que íbamos a disfrutar de 1 o 2 tragos coquetos y terminamos en gran amistad con los dueños del antro y regresamos a casa ya con luz de día, después de haber recorrido bares y antros con tan simpáticos personajes; b) mi memorable peda de whisky, en la que según mis cuentas, tomé sólo 4 tragos (posteriormente me enteré que me empiné yo solita y sin ayuda 1 tellita, ¡que garganta la mía!), y sentía que el piso se me movía, andaba pegando estampitas en todas las paredes y llegué a casa avisando a Doña Ros que me encontraba en estado muy inconveniente, siendo que al día siguiente jamás había tenido una cruda así, una amiga tuvo a bien decirme: mija, ya empezaste la edad de los nuncas: nunca había tenido una gripa así, nunca había tenido una cruda así, caray!; c) El bacanal en Coco, fue maravilloso, sobre todo porque fue a los 2 días de haber pasado la cruda de la peda antes señalada, en la que estuve con amigos que hasta ese entonces no había considerado como tal, y sobre todo había jacuzzi, ¡jajaja!; d) La linda briaga que agarramos mi Adorada Princesa y yo en algún antro de Polanco, en la que empezamos ella y yo a las 8 de la noche y no recuerdo a la hora que llegué, sólo sé que fue una de esas “noches de caridad” (a este respecto, prometo dar mayor detalle en algún post posterior) en las que al tipo más feo, le hacemos creer que es un portento de belleza y elegancia, y no dejamos de bailar con él, ¡ja!

Frases memorables = Hijole aquí no hay mucho, pero las que hay, considero que fueron muy buenas: a) Si pudiera encuadrar como delito lo que este cabrón te hizo, me cae que ya estaría en el bote el hijo de la chingada (a la Profis cuando Niño D se puso sus moños); b) Amiga, ¿te has percatado que tenemos un gusto increíble para la ropa, los zapatos, bolsas, accesorios, comida, alcohol, lugares, pero un terrible gusto para escoger hombres? (a la Niña Sueña, o Profis); c) Si ese no es puto, noooo, ese es más torcido que las trenzas de Lola Beltrán (Frase de mi adorada Marilú).

Libros leídos = Un chorro y dos montones, el tiempo libre que te brinda el desempleo te permite leer hasta el contenido de la pasta de dientes, e incluso decir “monoflorurofosfato de sodio” de corrido. En este rubro hay muchos y muy variados, puedo decir que todos los libros que leí este año ellos tuvieron a bien elegirme a mi como su lectora y no al revés. Gracias a ellos no me he vuelto loca, gracias a ellos ya estoy loca.

Blogs en los que escribo = Este, y soy muy feliz con él, agradezco a los que leen, a los que comentan, a los que no leen y a los que no comentan también. Se ha vuelto mi espacio en el que puedo sacar lo mejor o lo peor que traigo dentro y seguir adelante en mi vida alterna.

Este año fue campechanito, tuvo de todo un poco, sólo puedo decir: gracias 2008, ¡¡¡bienvenido 2009!!!

sábado, 29 de noviembre de 2008

Todos Vuelven…

Eso es lo que siempre me dice Marilú, cada que un amor se va, siempre me repite lo mismo: mi niña, no le llores, recuerda que tarde que temprano todos los hombres vuelven; así tú ya ni te acuerdes de ellos, en algún momento ellos se acuerdan de ti, y por cualquier pretexto se vuelven a presentar en tu vida. Marilú es sabia, sobre todo porque en su dicho guarda una verdad casi absoluta. Y para muestra, un botón…

Aproximadamente hace como tres años, yo tenía muy poco tiempo de haber terminado con el hasta entonces “amor de mi vida”, situación que me había costado trabajo superar y que al fin estaba por salir del luto debido, cuando el novio de una amiga, a quien denominaremos Sr. G, decidió que yo no podía seguir solita por el mundo, por lo que tenía que presentarme a alguien. La novia del Sr. G (mi entonces gran amiga, a quien para efectos prácticos denominaremos Green Eyes), le sugirió que me presentaran al gran amigo, casi hermano del Sr. G, el hombre en cuestión lo denominaremos como el Señor Panza. Green Eyes veía muy simpático que los grandes amigos y las grandes amigas terminaran en “gran idilio” (no me extraña de tan gran persona tanto en tamaño como en figura y por lo visto de tan grande pensamiento).

Por alguna extraña razón el Sr. G no estaba tan convencido de que la ideota de su novia fuese tan maravillosa, así pasó el tiempo y en alguna ocasión mientras jugábamos el acostumbrado dominó de viernes por la noche, acompañado de pizza y una que otra bebida espirituosa, el Señor Panza le llamó a Sr. G con la intención de localizarlo y por supuesto alcanzarlo donde el Sr. G se encontrara. A Green Eyes se le iluminaron los ojitos, y no dejó de jorobar al pobre Sr. G hasta que lo convenció de invitar a la reunión al Señor Panza.

El Señor Panza llegó a casa de la Caperuza bien servido, por no decir que se encontraba dos rayitas arriba del adjetivo de ebrio. De físico no puedo decir que se trate de un hombre atlético, por el contrario dista mucho de serlo, el Señor Panza lo recuerdo como un hombre chaparrito, pelón y panzón, pero de facciones no estaba tan dado a la calle, por el contrario, digamos que estaba medio guapetón, lo suficiente para que la Caperuza no lo descartara definitivamente. Así pasó la noche y el Señor Panza estuvo realmente poco tiempo, en virtud que era mínimo lo que le faltaba para el punto de la congestión alcohólica. Esa noche el Sr. G se disculpó por la embriaguez de su fino amigo.

Al día siguiente por la tarde recibí la llamada del Señor Panza, en la cual se desvivió en disculpas por haber llegado tan borracho a mi casa, cosa que siendo sinceros, me daba lo mismo, así que le hice saber que no tenía mayor importancia. El Señor Panza me invitó a cenar en la semana para redimirse después de la forma en que nos cocimos y yo acepté.

La cena quedó agendada para el martes o miércoles de la siguiente semana, y así fue que el Señor Panza fue por mi a mi casa y decidió llevarme a cenar a un lugar cuya especialidad es el pato, me pareció un hombre muy atento y galante, el pequeño problema que le encontré fue que por andar de preguntona, me dieron la respuesta menos esperada, es decir, la Caperuza preguntó: y a todo esto, cuéntame, dónde vives, y vives sólo o con tu familia?, y el Señor Panza respondió: Pues mira Caperuza, de eso mismo quería platicar contigo, vivo con mi esposa y mis dos hijos, pero ¿no hay problema, verdad?, en ese momento me imaginé a mi misma tomando mi bolsita y mi dignidad y salir corriendo del lugar, iba a ejecutar lo que mi pensamiento me brindaba, cuando recordé que traía unos hermosísimos cacles de tacón como de 10 centímetros, de esos que se ven divinos, pero no es precisamente el calzado idóneo para correr en las olimpiadas, así que desistí de mi hasta entonces plan A y opté por el plan B, que era quedarme en el lugar y seguir como si nada, así que respondí con mi mejor cara de jugadora de póquer: Noooo, yo no creo que el hecho de que vivas con tu esposa y tus dos hijos represente problema alguno (siempre que no pretendas chuparme la boca y querer tener noches interminables de pasión conmigo, esto sólo lo pensé, ya que no lo dije, al menos no en ese momento).

Después de la cena, el Señor Panza me llevó a mi casa, y antes de bajar de su auto, tuvo a bien decirme que yo le interesaba como algo más que como una simple amiga, que su matrimonio estaba muy mal y que si no fuera por sus hijos, él ya se hubiera divorciado de su esposa (¿Neta tengo cara de taaan pendeja o taaan urgida como para caer con ese cuento?). Me compadecí del hombre y espeté: Que lástima que esté tan mal tu matrimonio, de verdad lo siento mucho, pero me imagino sigues durmiendo en la misma cama que tu esposa y seguramente cumples con el denominado “débito carnal” que incluye el contrato matrimonial, así las cosas, ¿crees que me la puedes dejar ir mientras se la dejas ir a tu esposa?, yo pienso que no, y mira, mejor seamos buenos cuates, cuando quieras platicar, con gusto te escucharé, pero desde ahorita te digo que no sé jugar a ser la señora de casa chica y no lo voy a jugar contigo.

Marilú es muy sabia y también me ha dicho que los hombres tienen una autoestima como de Brad Pitt, aunque les digas: NOOOOOO!!!, ellos creen que te estas haciendo la difícil, y que segurito si insisten caerás. El señor Panza no fue la excepción ante tan clara regla, y siguió insistiendo, con llamadas, mensajes, correos, regalos, y demás, yo lo atendía como a un amigo y nada más. Y por fin, un día (después como de 6 meses de negativas de mi parte) sucedió que el señor Panza se cansó y dejó de insistir.

El Sr. G terminó su relación con Green Eyes, y siguió siendo amigo mío por alguna extraña razón, así fue que un día me confesó que el motivo principal por el cual no había querido presentarme al Señor Panza era porque estaba casado y con familia y consideraba que yo no merecía un personaje así en mi vida, sólo que su entonces novia, la Señorita Green Eyes, podía ser harto convincente. También reconoció que le dio mucho gusto la forma en que yo mandé a su amigo a ver… al mago.

Hace como 3 días recordé una vez más eso de que “todos vuelven”, ya que me habló Sr. G, tenía tiempo sin saber de él, entre lo mucho que platicamos fue que el Señor Panza ha preguntado mucho por mi, que ya se divorció y que está tratando de localizarme, me reí y sólo contesté: dile que le envío un saludo, el Sr. G también rió y continuamos con nuestra plática. Al final del día, todos vuelven.

jueves, 13 de noviembre de 2008

La Veloz aparición del Moto-Migra

Viernes por la noche y yo sin plan para liberar la tensión de mi frenética vida como desempleada, mientras trataba de encauzar mi hiperactividad propia del día y de la hora acomodando aquellos papeles que ya eran considerados como parte de la decoración de mi recámara, sonó el teléfono, era una vieja amiga, que para efectos de este cuento denominaremos como la "Señorita Igor", quien me hacía una atenta invitación para el día siguiente a una “pequeña reunioncita” en su humilde morada. Dicha reunión tenía su motivación principal en que sus padres estaban de viaje y tanto ella como su hermano, a quien para efectos prácticos denominaremos como el Ranchero Citadino, tenían ganas de conbeber, digo de convivir con sus amigos más cercanos. Me sentí como niña de secundaria que es invitada a la “casa sin papás” para jugar a la botella. Pero con eso de que mi agenda estaba desierta para ese sábado, acepté gustosa la invitación.

El sábado por la noche me presenté con mi mejor carita, una botella (no fuera ser que no hubiera suficientes pa’ jugar a la botella), una bolsa de hielo y mi maleta para pasar la noche en casa de mis anfitriones. En la mesa se encontraban los de siempre: la Señorita Igor, el Ranchero Citadino, su prima, y unos “nuevos amiguitos” de la Señorita Igor, uno de ellos era algo así como galán de balneario disfrazado de “gente decente”, y al otro ni la cara le vi, ya que estaba escondida detrás de una gorra naranja.

La velada pasó con juegos propios de la ocasión (no se me hizo jugar a la botella, ja!), y entre juego y juego… el Ranchero Citadino terminó bien anestesiado por una linda botella de ron, por lo que decidió irse a dormir, el galán de balneario terminó “conociéndose mejor” con la prima de la Señorita Igor en alguna de las habitaciones de la casa, la Señorita Igor durmió la reunión desde un sillón de la sala y la Caperuza terminó platicando con el muchacho con la cara detrás de la gorra naranja, a quien denominaremos como el “Moto-Migra”. Así fue como me enteré entre otras cosas, de su pasión desmedida por las motocicletas, que cuidaba la suya como a la niña de sus ojos. También hizo mención que la ex novia lo había botado no hace más de 24 horas hasta ese momento, y que se sentía aliviado, según dijo porque era un peso que tenía encima desde hace mucho tiempo. 

No sé si fue el exceso de “embellecedor” (alcohol) en las venas del muchacho Moto-Migra o el ambiente propio de la velada provocó el impulso en los ímpetus del muchacho Moto-Migra, la cosa es que me pidió un beso, y como los besos son como un vaso de agua, pues no soy quien pa’ negarlos… así las cosas, el muchacho Moto-Migra y la Caperuza se dieron uno que otro besito, ocasionando que la gorra color naranja volara y me permitiera descubrir a un atractivo ejemplar de hombre, al menos en apariencia.

Después de una interesante sesión de besos, el Moto-Migra decidió que era momento oportuno pa’ retirarse, tomando en cuenta que el señor trabajaba el domingo y ya era domingo, le quedaba el tiempo exacto para irse a bañar y cambiar e irse a su trabajo.  Lo anterior no sin antes intercambiar números telefónicos y promesas de vernos pronto, la mera verdad y después de mi experiencia, sólo agradecí la sesión de besos, que como diría mi estimada Niña Sueña: “siempre es rico un beso, sobre todo después de que llevas mucho tiempo sin recibir uno”.

El empleo del muchachito en cuestión es el cual le da origen a parte de su nombre, ya que la rola de agente de migración en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y trabaja un día si y un día no, algo raro, pero así es. Por lo que al día siguiente tuve a bien enviarle un mensaje de solidaridad en su crudo y trabajoso día, el cual respondió al instante enviándome su gratitud y besos.

Así pasó el tiempo, entre mensajes de celular y correos electrónicos, (¡que frías se han vuelto ahora las relaciones con el exceso de medios de comunicación!) con vagas promesas de vernos “un día de estos”, hasta que llegó el día en que acordamos vernos un lunes, para ir a cenar y beber una chela. Según el Moto-Migra me marcaba cuando saliera de trabajar para acordar el lugar dónde pasaría por mi con el objeto de cumplir con la cita acordada.

El lunes llegó, todo el día traje en la cabeza la posibilidad de que el Moto-Migra no marcara, pues cual fue mi sorpresa que a las 9 de la noche marcó y a los 20 minutos ya lo tenía tocando el timbre de la casa, Doña Ros tuvo que ir a abrirle al nene, ya que una servidora estaba en el proceso de dejar la cara de muerto fresco pa’ convertirse en una persona normal. Moto-Migra se adaptó a la situación perfectamente, y platicó un rato con la autora de mi existencia, yo salí partiendo plaza con mis mejores atuendos “casuales”, no fuera a pensar el susodicho que me arreglaba sólo para él (mmmjú).

El Moto-Migra no se sentía del todo familiarizado con la zona en la cual se ubica la casa de la Caperuza, por lo que tuve que ser yo quien diera las opciones de lugares con el objeto de que el mozalbete decidiera. Así fue como terminamos en uno de esos restaurantes de comida árabe y que se puede fumar shishas de sabores.

Mientras disfrutábamos de la shisha, la cena, la plática y los tragos, el ambiente ocasionó que no pudiéramos evitar chuparnos la boca con las ansias de aquellos que se traen ganas desde hace un buen rato.  En la plática me informó sus intenciones tanto en el ámbito laboral como conmigo, siendo honestos las segundas me interesaban más que las primeras. Y sus intenciones para con la Caperuza eran conocerla mejor y sobre todo, no volver a dejar pasar tiempo sin verla. El muchachón parecía sincero, aunque tengo claro que a un hombre caliente no se le debe creer la mitad de lo que diga (y la otra mitad ponerla en duda).

Terminamos la cena, siguieron los tragos, continuó la plática y siendo ya martes de madrugada, los encargados del lugar tuvieron a bien invitarnos a desalojar.  El Moto-Migra, me llevó a mi casa, con la firme promesa de volver a vernos “pronto”. Al llegar a su casa, me envió un mensaje agradeciendo la velada. Yo estaba realmente emocionada, en mi cabecita crecía la esperanza de que posiblemente los Dioses del Amor se hubieran apiadado de mi y por fin hubiera llegado uno “con zapatos” a querer ganar el corazón de la Caperuza.

Los siguientes días recibí varios mensajes y llamadas del Moto-Migra, de repente y sin aviso de por medio, pasó que el tipo se diluyó en mi mente y dejó de enviar mensajes y llamadas. La Caperuza lo buscó dos veces, sin éxito alguno. Con desilusión, abandoné la campaña y cambié la página, si él ya no estaba interesado, ¿yo por qué demonios debía estarlo?

Después del muchacho Moto-Migra, reconocí con orgullo herido que aún no estoy preparada para prender y apagar mi botoncito de la ilusión sin consecuencias agresivas en mi persona, ya que estuve de mal humor alrededor de 2 semanas, tratando de imaginar el motivo del repentino desinterés del personaje en cuestión. Un mes después, mientras trataba de encontrar formas diversas en el tirol del techo de mi recámara, llegó a mi la inspiración y con ella la firme idea de que solo tenía que vivir la experiencia, al fin y al cabo, todas y cada una de las experiencias que vivo me hacen ser la persona que soy.

No pretendo casarme con el primer individuo que se presente a mi puerta (de hecho no sé si pretendo casarme algún día), mi espíritu de “Susanita” (Mafalda) está bastante atrofiado. Por lo que después de esta vivencia, considero que tratar de ver más allá de lo que tengo enfrente es muy pretencioso de mi parte. Así las cosas, viviré más, sentiré más, pensaré más y me ilusionaré y soñaré menos, puede ser que así disfrute más de lo que padezca.

jueves, 23 de octubre de 2008

Hace un año

El 23 de octubre de 2007, fue el día más frío del que tengo memoria, hace un año exactamente que sentí que el aire helado se colaba en mi cuerpo y en mi alma, hace un año que te fuiste. Ese martes decidiste que el dolor y el cansancio habían sido suficientes, dejaste de luchar contra el tiempo y abandonaste la esperanza, cerraste la puerta y te alejaste detrás de ella. 

El día de hoy lo recuerdo como el día en que mi mundo cambió, y lejos de reclamarte, solo puedo agradecer el tiempo que estuviste a mi lado, agradezco tu sonrisa, tus manos, tu infinito amor, tu ejemplo, tu humildad y tu sopa de fideos. Gracias a ti sé que por más etéreo que parezca, no hay nada más palpable que el amor. Gracias a ti sé que es el amor lo que te permite respirar y vivir; ese amor que diario se procura, que diario se alimenta. Gracias a ti aprendí que no importa tener grandes fortunas mientras hayas logrado dar y recibir ese amor.

Creo que nadie me escuchará con tanto fervor como tú me escuchabas, creo que nadie volverá a tomar mi mano como tú lo hacías, ni en un abrazo me brindará ese consuelo y protección que sólo tú sabías darme. Por eso, hoy, a un año de tu partida, te pido perdón por no haber sido la persona que tu esperabas, por todas las veces que no te di el cariño y las atenciones cuando las necesitabas, por darte mi impaciencia, en vez de cuentos y sonrisas.

A un año de tu partida, no puedo negar lo que te extraño y me duele saber que ya no te veré más, que ya no escucharé tus risas, que ya no respiraré más los olores de tu cocina y tu aroma de flores; pero me consuela saber que detrás de ti dejaste una familia unida por el amor, y en mi dejaste la semilla de la tenacidad, la esperanza de un nuevo día, la esperanza en un Dios, y una infancia de cuento de hadas, entre muchas otras cosas.

Rosita, gracias por haber estado, por habernos regalado un invaluable tiempo a tu lado, por dejarte conocer y dejarte querer. Gracias por no sólo haber sido mi abuela, sino mi madre también.

lunes, 20 de octubre de 2008

La Margarita...

Muy a pesar de lo que mis biógrafos y en especial mi madre y la familia quisiera sobre mi, ya estoy resignada a que en el futuro, si llego a reproducirme, mis hijos tendrán dilemas como estos:

viernes, 17 de octubre de 2008

Mi General (Cuarta Parte)

Eran las 10:30 de la mañana del sábado, la Caperuza, anticipando la posible visita del General (nunca convencida), ya estaba levantadita y trajinando cuando el teléfono sonó. Era el General, quien como broma de mal gustó dijo: ¡Hola Caperucita!, oye ¿qué crees?, no voy a poder ir. La venita de mi frente empezaba a brincar, cuando soltó la carcajada y rápidamente comentó: No, no es cierto, ya voy para allá, llego como en una hora. Tuve que apurarme y realizar todo el rito de belleza, el cual incluye baño, peinado, perfumeada, hojalatería y pintura en tan poquito tiempo, creí que la salvaba, pero el General llegó en friega, a los 45 minutos estaba tocando el timbre, a mi me hacía falta mi sesión de hojalatería y pintura, por lo que mandé a Doña Ros a que lo recibiera. Mientras me esperaba, el General se dedicó a entretener a Doña Ros, tanto, que debo decir que me sorprendió gratamente. Después me enteré que el General hizo gala de sus mejores encantos, y se dedicó a platicarle a Doña Ros sobre su vida y familia, en especial sobre León Felipe, el león que su abuelita tuvo en calidad de mascota. Doña Ros quedó fascinada con el General, cuestión que me tranquilizó, aunque de cierta forma ya lo sabía.

Puedo decir que me dio mucho gusto volver a verlo, aún más flaco, más viejo, recordé el efecto que tiene en mi. En el camino, el General se comportó como todo un caballero (¡pues si se trata del General!), se dedicó a hacerme reír, a hacer comentarios galantes y recordarme que no me es fácil darle carpetazo a tan encantador personaje.  Llegamos a la exposición, el estacionamiento se improvisó en medio de la pista de carreras del Hipódromo, de ahí unos camioncitos te llevaban al Centro Banamex, para que después de una caminata de más o menos 2 kilómetros, llegaras a la entrada de la exposición. Anticipando que iba a caminar, decidí utilizar mis zapatitos de piso, con la finalidad de no perder el estilo en ningún momento, y mi alma se regocijó cuando el General tuvo a bien hacerme notar “aquellas nacas que lejos de verse estilizadas con tacones, parecen pollos espinados”.

Los autos me gustan, no soy conocedora, pero iba con la actitud de pasar un buen rato, y más con la compañía que ese día llevaba, así que no me sorprendió que previo a entrar a la exposición, me fuera apercibido lo siguiente: Mira Caperuza, esto para mi es como cuando tú vas a ver ropa (se le olvidó mencionar: los zapatos, los discos, los libros, entre otros), digamos que se asemeja a la alegría de un niño al visitar un parque de diversiones, por lo que te agradeceré que seas paciente conmigo. Durante toda la visita a la exposición me comporté a la altura, es decir, con una sonrisa de reina de la primavera en carro alegórico y sinceramente no me costó trabajo, menos por las bromas y comentarios chuscos que el General tenía para mi, la pasé muy bien, me divertí como enana y me encantó el trato del General (el canijo sabe cómo mantenerme babeando), quien no me soltó.  Respecto a la exposición sólo puedo decir que parecía venta de Autofin, no había mas que 2 prototipos y la mayoría de los autos los podía ver uno rodando por Reforma sin mayor trámite. Salimos un poco desilusionados, pero el General (como los niños) debía llevarse algún souvenir y eligió un portaplacas para su súper automóvil deportivo, el cual escogí yo.

Con una sonrisa de oreja a oreja (como niño con juguete nuevo) el General y yo nos dirigimos a la salida, después de un trayecto de cómo media hora, tomando en cuenta la caminata de regreso y el transporte del camión al coche, llegamos al estacionamiento, el cual por encontrarse en medio de la pista del Hipódromo, le dio la idea al General de ir a ver las carreras mientras comíamos, idea que puso a mi consideración y la cual aprobé gustosamente.

Así fue que del centro de la pista, tuvimos que salir para dar la vuelta y entrar al estacionamiento del Hipódromo, de las opciones proporcionadas por el personal de información del Hipódromo, el General eligió el restaurante mexicano denominado “1943”. Cuando llegamos, apenas empezaba la primer carrera, así que el restaurante no estaba muy lleno, aunque las mejores mesas ya estaban ocupadas o reservadas, sin embargo, una vez más el General me dejó con el ojito cuadrado al darme cuenta que nos dirigían a una de esas mesas con ubicación privilegiada para apreciar las carreras. La Caperuza hasta ese día de su vida había prescindido de asistir a este tipo de eventos, más por falta de oportunidad que de ganas, y creo que el General también, porque después de estudiar concienzudamente el manual de cómo apostar, se dirigió a la práctica, y empezamos a apostar. La comida, la compañía, la plática, el ganar en las carreras en las que apostábamos, hizo de esa tarde una agradable experiencia.

Salimos del Hipódromo para dirigirnos a mi casa, en el camino el General y yo coincidimos que la experiencia del Hipódromo se había llevado la tarde, por lo que esperaba que en un futuro pudiéramos asistir más seguido. Me dio un cierto sentido de pertenencia que siempre que al referirse a volver al Hipódromo, al hacer tal o cual cosa, lo hiciera en conjunto, me queda claro que era una de esas herramientas de seducción que el General usa a fin que la Caperuza caiga rendida a sus pies. Al despedirse prometió llamar cuando llegara a su pueblo, y así lo hizo, también llamó durante los días siguientes, siempre agradeciendo la tarde que pasamos juntos.

No sé qué pase por su cabeza y su corazón, tampoco me toca investigarlo, ni mucho menos quebrarme la cabeza imaginando que el estar y luego no estar es parte de su estrategia, posiblemente no exista dicha estrategia. No sé si vuelva a reaparecer el personaje del General en mi vida, lo que si sé es que la pasé muy bien ese día a su lado, sé que él disfrutó volver a verme y me da gracia lo irónica que puede ser la vida, teniendo que pasar 2 años para que esta última experiencia se diera tal y como sucedió.

La historia del General sólo me deja con las siguientes conclusiones: (i) El General sabe su chamba, y usa todas las armas posibles cuando de seducir se trata, (ii) me gusta el misterio, y el juego que con el tiempo hemos aprendido como maestros entre él y yo, sin embargo, (iv) por mucho que me atraiga la personalidad del General, su falta de constancia y la historia que hay entre nosotros me obliga a cuidarme tanto que sería difícil verlo como algo más que un amor platónico, (v) creo que en la vida de toda mujer debe de existir un General que te haga los calzones yo-yo, que te recuerde que eres una princesa, que sea tan tentador que puedas perder la cabeza y sólo el amor propio te regrese al piso, que te recuerde cómo te gusta ser cortejada, que deje ese sabor agridulce de experiencias únicas aunque, evidentemente, tengas la certeza de que no se quedará a tu lado.